Prólogo*
Con este informe arrojamos una luz muy necesaria sobre las circunstancias particulares de un gran número de personas que no pueden formar la familia que desean.
Preguntamos a la gente —en 14 países que sumados equivalen a más de un tercio de la población mundial— qué quiere de verdad en lo que respecta a su futuro y vida reproductiva y si cree que será capaz de hacer realidad esas aspiraciones.
Lo que averiguamos fue que, para algunas de las decisiones más íntimas y trascendentales que pueden tomarse, el auténtico libre albedrío está reservado tan solo a unos pocos.
La población humana es un tema que despierta un interés cada vez mayor y también una ansiedad más y más intensa. Las preocupaciones que más llaman la atención son la disminución de las tasas de fecundidad, el envejecimiento de la población y la escasez de trabajadores, mientras que muchos todavía sostienen que la mayor amenaza para el planeta es la superpoblación.
Sin embargo, independientemente de la preocupación, hay un factor que el discurso público sigue pasando por alto casi por completo: la voluntad de la gente en lo que respecta a su propia fecundidad, su familia y su porvenir.
Con frecuencia se presupone o se da a entender que las tasas de fecundidad son el resultado del libre albedrío. Por desgracia, no es una verdad universal.
Los últimos informes del Estado de la Población Mundial han sacado a relucir varios hechos inquietantes: que cerca de la mitad de los embarazos no son intencionales; que el discurso público sobre el tamaño de la población y las tasas de fecundidad alimenta el miedo, que puede aprovecharse (y de hecho, así ha sido) para
dar alas al etnonacionalismo y menoscabar los derechos reproductivos; y que, pese a los avances notables en materia de salud y derechos sexuales y reproductivos, los grupos más marginados son los que menos progresos han disfrutado. Los datos que el UNFPA ha publicado durante los últimos cinco años también revelan que alrededor de 1 de cada 10 mujeres no está en posición de decidir si recurrir a métodos anticonceptivos. Casi la cuarta parte de las mujeres no puede tomar decisiones sobre la atención de su propia salud. Asimismo, en torno a la cuarta parte de las mujeres no puede negarse a mantener relaciones sexuales.
Por lo tanto, aún hay muchos millones de personas incapaces de ejercer sus libertades y derechos reproductivos. En esta imposibilidad de cumplir los objetivos personales de fecundidad estriba la verdadera crisis de fecundidad —no en la sobrepoblación ni en la despoblación— y se hace patente allá donde miramos.
Los estudios llevados a cabo con miras a redactar este informe llegaron a la conclusión de que, en muchas ocasiones, las trabas para evitar un embarazo no intencional y para empezar a formar una familia son las mismas en definitiva: la precariedad económica, la discriminación de género, el escaso apoyo por parte de las parejas y las comunidades, la atención deficiente a la salud sexual y reproductiva, la falta de acceso a servicios asequibles de cuidado de los hijos y educación (entre otros) y el pesimismo respecto al futuro.
Hemos constatado que, si formulamos las preguntas adecuadas, podemos ver con claridad tanto el problema como la respuesta. La solución radica en la capacidad de acción en el ámbito reproductivo, que se define como la facultad de tomar decisiones libres y fundamentadas acerca de las relaciones sexuales, los anticonceptivos y tener descendencia si así lo desean y en el momento y con la persona que quieran. La capacidad de acción en el ámbito reproductivo no es solo una cuestión de no sufrir coacciones o de tener un mejor acceso a los servicios: requiere todo el abanico de circunstancias que posibilitan que la población ejerza de verdad sus derechos reproductivos y su libre albedrío, como la igualdad de género, la estabilidad económica, un buen estado de salud y confianza en el futuro.
Estas condiciones todavía quedan fuera del alcance de demasiadas personas. Como respuesta a esta situación, todos nosotros —sin olvidar a los responsables de la formulación de políticas— hemos de preguntar qué es lo que la gente quiere y necesita. No debe ser una idea a posteriori, sino la primera reflexión y la más importante al abordar cuestiones demográficas. Las políticas tienen que responder directamente a dichas inquietudes. Parte
de esto implica garantizar la salud y los derechos reproductivos en su totalidad y de manera universal; proporcionar respaldo constante a largo plazo a los progenitores y las familias; y poner fin a la violencia de género y a las normas discriminatorias de género que dan al traste con las aspiraciones de la población en lo relativo a la fecundidad.
Vamos a crear las condiciones para que quienes ansían vivir las alegrías y las retribuciones de la maternidad y la paternidad sean capaces de cumplir sus objetivos de fecundidad y conserven la esperanza de un futuro mejor que propicie sus decisiones y proteja sus derechos. Un porvenir en el que sus hijos, y los hijos de sus hijos, puedan prosperar. Esperamos que el presente informe suscite debates muy necesarios y dé un empuje indispensable a las medidas encaminadas a promover esos derechos y libertades.
*Por Natalia Kanem, Directora Ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA)
